EL CALENDARIO DE ANAHUAC Título: El Calendario de Anahuac
Nota ortográfica En el título de este libro se ha escrito la palabra “Anahuac” con la ortografía convencional de la lengua nawatl, a fin de propiciar un mejor acercamiento al lector. Sin embargo, en el resto de la obra escribiremos los términos en nawatl con ortografía fonética, pues deseamos reflejar con exactitud el sonido de esta lengua. Las lenguas nativas de México han sufrido mucho en los últimos siglos, no sólo por el abandono en que se les ha dejado, sino o también porque se escriben con letras tomadas del español. Con el paso del tiempo, los sonidos del español han ido cambiando y, en consecuencia, se ha distorsionado la pronunciación de estas lenguas. Ejemplo de ello es el nombre de México. Su pronunciación original era Meshikko, con acento en la penúltima sílaba (se forma de los términos Me-tlstli, luna, Shik-tli, ombligo, y Ko, lugar). Con el tiempo, la X con la que se escribió originalmente el sonido “sh” se comenzó a pronunciar como “j” y de ahí surgió la forma “Méjico” que se escucha todavía en el territorio nacional. En la actualidad, sin embargo, la X ha adquirido el sonido “ks”, de modo que muchas personas le llaman al país “Méksico”. Tales modificaciones dañan la lengua nahuatl. Es por ello que proponemos volver a escribirla de modo
fonético, es decir, respetando sus sonidos originales.
Para un mejor entendimiento de los términos que aparecen en esta obra, tengamos en cuenta lo siguiente: Introducción Anawak significa “rodeado de agua” o “en torno al agua”. Fue el nombre que le dieron sus moradores al territorio que hoy conocemos como Mesoamérica. Se extiende desde Nicaragua hasta el norte de México y desde el Mar Caribe hasta el Océano Pacífico. Abarca los territorios de México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y Nicaragua, y ejerció influencia en los actuales Estados Unidos y las íslas del Caribe. La civilización de Anawak comenzó hace 4 mil años, con la llegada de los olmecas al territorio mexicano, y llegó a su ocaso en 1697, cuando cayó Tayasal, la última capital de los mayas libres. Durante ese tiempo, los anahuacas desarrollaron una propuesta cultural a la que llamaron Toltekayotl, toltequidad, un término que el primer diccionario de la lengua nawatl traduce como “el arte de vivir” (Molina, Vocabulario de la lengua, 1571). La Toltequidad se componía de un conjunto de costumbres e instituciones, tales como: El calendario que estudiaremos en este curso es exclusivo de Mesoamérica y fue empleado por todos los pueblos del área. Constituye, probablemente, el elemento más característico de la civilización anahuaca. Los antiguos mexicanos dedicaron una gran atención al estudio del tiempo. Sabían que el tiempo y el espacio son dos aspectos o dimensiones de una misma realidad. Prueba de ello es que los nahuas los denominaban con términos formados de la misma raíz: Kawitl, tiempo, y Kau’tli, espacio. Concebían al tiempo como una eterna ciclicidad, pues creían que todas las cosas retornan. El calendario reflejaba esa creencia, al estar formado por un conjunto de ciclos que se contenían unos a otros, cuyas intersecciones componían las fechas. Había ciclos tan enormes que, en comparación, la edad del Universo es apenas un breve instante; otros eran muy pequeños; unos eran artificiales y otros se calcularon a partir de minuciosas observaciones de los movimientos de los astros; pero todos se computaban mediante los sagrados números 13 y 20. Como resultado de su interés en la cronología, los anahuacas crearon el calendario más exacto que haya
conocido el humanidad. Entre sus virtudes, destacan las siguientes: Se ha dicho repetidamente que este calendario es producto de la necesidad de regular los ciclos agrícolas. Sin embargo, la experiencia de otros pueblos de América que no lo emplearon y, sin embargo, tuvieron una agricultura avanzada, demuestra que, para sembrar y cosechar, bastaba con los primitivos cómputos estacionales empleados por casi todos los pueblos del mundo desde la prehistoria. La complejidad, exactitud, armonía interna y alcance cosmogónico del calendario de Anawak, sugieren que su desarrollo final fue en respuesta a motivaciones espirituales, tales como la curiosidad científica, el deseo de explicar el origen de las cosas y, sobre todo, la necesidad de contar con unidades de medida capaces de describir la tremenda complejidad de los movimientos del cielo. Por sus virtudes, este calendario no sólo fue empleado durante toda la historia de Anawak, sino que sigue despertando hoy el interés de los investigadores, quienes han dedicado muchas horas de esfuerzo a su desciframiento. Nuestra civilización moderna podría aprender mucho de este modelo del pensamiento mesoamericano. En
particular, su mecanismo posee dos avances que nosotros aún no hemos alcanzado, y que facilitarían nuestros
cálculos; estos son: Un aspecto de este calendario que vale la pena destacar, es que algunos de sus ciclos aún son empleados por grupos campesinos y de tradición, sobre todo en las áreas nawatl y maya. Por lo tanto, no hay que enfocarlo desde una óptica estrictamente arqueológica, sino como un mecanismo vivo y en plena evolución. De hecho, en tiempos recientes, esta cronología ha sido objeto de diversos intentos de rescate, que la han transformado en uno de los íconos representativos de la identidad mexicana. El presente curso no sólo pretende exponer los engranes del calendario anahuaca, sino también correlacionarlo con el nuestro. Para su desciframiento, me he basado en las fuentes documentales del México antiguo, a saber, los códices, murales, estelas y cronistas de Indias, tanto nativos como españoles. Asimismo, he recurrido a los recientes descubrimientos de la Arqueoastronomía, una metodología científica que permite descifrar el contenido astronómico-calendárico de las antiguas ciudades y templos. Este curso forma parte del programa de clases del Centro de Estudios para la Arqueoastronomía y la
Calendárica Mesoamericanas (CEACM). Otras materias de este programa son: Primera parte 1.1 Los ciclos básicos del calendario mesoamericano no son oriundos de América; aparecen en el Viejo Mundo
desde tiempos neolíticos, con función astronómica o astrológica. He aquí unos ejemplos: Si seguimos buscando, encontraremos otros ciclos comunes a las culturas de Eurasia y Mesoamérica, tales como: la semana de 7 días, el bloque de 260 días y la rectificación astronómica cuadrienal. Algunas de esas similitudes se explican lógicamente, como soluciones idénticas a las que llegaron los diversos pueblos al tratar de descifrar los mismos fenómenos naturales. Pero otros números y ciclos son tan arbitrarios, que es más sencillo interpretarlos como el producto de la influencia de unos pueblos sobre otros. ¿Cómo llegaron tales influencias a América? Se sabe que el ser humano es oriundo de África y emigró a los demás continentes. América comenzó a poblarse hace unos 60 mil años a través de unas masas de tierra que hoy están bajo el mar. También es probable que pequeños grupos atravesaran en embarcaciones los océanos Pacífico y Atlántico. Al migrar a Occidente, aquellos primeros seres humanos transportaron con ellos su cultura, incluyendo la medida del espacio y el tiempo. Sin embargo, en Mesoamérica los elementos cronológicos se combinaron de un modo nuevo y verdaderamente único, para producir ese extraordinario fenómeno que fue el calendario de Anawak. Al preguntar los españoles cómo había sido creado este sistema, sus informantes nativos les contaron lo siguiente: “Dicen que los inventores de la astrología de los indios, de donde debieron de salir estos signos, fueron Cipactonal y su mujer Oxomoco, que son como Adán y Eva, de quienes descienden todos los hombres.” (De la Serna, Tratado de las Supersticiones) Probablemente, Sipaktonal y Oxomoco no son personajes históricos, sino la personificación de aquellos lejanos sabios que organizaron por primera vez, hace milenios, la cosmogonía mesoamericana. Otra fuente afirma que este suceso tuvo lugar en el actual Estado de Morelos: “Dando relación los indios viejos del principio de su calendario... dicen que, como sus dioses vieron que había ya hombre en el mundo y no tenía libro por donde guiarse, estando en tierras de Cuernavaca, en cierta caverna, dos personajes llamados Oxomoco y Cipactonal, pareció (bien) a la vieja tomar consejo de su nieto, Quetzalcoatl.” (J. Mendieta, Historia Eclesiástica Indiana) Con mayor sentido histórico, otros informantes explicaron a los españoles que el calendario fue invención de los antiguos toltecas. “Eran tan hábiles en la astrología natural los toltecas, que ellos fueron los primeros que tuvieron la cuenta de los días que tienen el año, las noches y sus horas, la diferencia de tiempos… Y eran tan sabios, que conocían las estrellas del cielo y les tenían puestos sus nombres, sabían sus influencias y calidades, y sabían los movimientos de los cielos.” (Sahagún, Historia General) Por causa de su origen, los mexicas le llamaron al mecanismo Tolteka Shiu’tlapoalli, calendario tolteca. Cabe aclarar que el término “tolteca”, tal como se usa en la cita anterior, no se refiere a un grupo étnico oriundo de Tula, Hidalgo, sino todos los mesoamericanos cultos. El término nawatl Toltekatl significa persona culta; de ahí se forma el título Tollan, ciudad capital (en español Tula), aplicado a las principales ciudades de Anawak, como Tenochtitlan, Cholula, Teotihuacan, etcétera. Las evidencias arqueológicas indican que los creadores del calendario fueron los olmecas, un pueblo o conjunto de pueblos del que desconocemos su nombre original, que creó las bases de la civilización anahuaca hace 4 ó 5 milenios. A ellos se les atribuye la invención, no sólo del calendario, sino también de las matemáticas, la cosmogonía, la escritura, los mitos fundadores y el culto a la Serpiente Emplumada. El vestigio calendárico más antiguo encontrado hasta hoy, es una figura esgrafiada en una roca en Acapulco, Guerrero, que representa la fecha 2 ó 3 Mono. Tanto por la lectura de la fecha en clave de Cuenta Larga como por la datación estratigráfica, el relieve se ubica hacia el 2000 antes de Cristo. El investigador Pedro de Eguiluz4, quien ha dado a conocer este y otros vestigios relacionados con las manifestaciones tempranas del calendario, ha demostrado que la imagen pertenece a un conjunto de representaciones similares, en las cuales aparecen números ordenados por posiciones que se pueden leer como fechas de Cuenta Larga. Otros vestigios calendáricos tempranos son: Estos vestigios evidencian un estado maduro de las cuentas calendáricas, por lo que se les puede atribuir un período previo de incubación de, quizás, algunos siglos, durante los cuales, las fechas se inscribieron sobre materiales perecederos y no han dejado huellas. Esta reflexión nos recuerda que los mayas ubicaron el comienzo de su calendario entre los siglos 33 y 31 antes de Cristo, según las correlaciones más aceptadas. Generalmente, los arqueólogos consideran que ese punto de origen es mítico. Sin embargo, los hallazgos de fechas cada vez más tempranas comienzan a validarlo como un dato histórico. |