EL EVANGELIO DE LA SERPIENTE EMPLUMADA
La vida y enseñanzas del gran maestro tolteca

Frank Díaz

© por Frank Díaz, 2000
Primera edición, “Evangelio de Quetzalcoatl”
© Editorial Tomo, México, 2000
Segunda edición, “The Gospel of the Toltecs”
© Editorial Bear and Co., USA, 2002

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INDICE

Nota ortográfica
Introducción: El último Avatar
de la Serpiente Emplumada

PRIMERA PARTE
1 La profecía del anciano Weman
2 Chimalma
3 El venado
4 En la barranca
5 El pez agorero
6 El oráculo
7 El nacimiento
8 Niño del viento
9 Infancia
10 Los huesos de su padre
11 Invitación a Tula
12 El sacrificio
13 La nube blanca
14 Los enigmas de la serpiente
15 En la casa de oración
16 El reino
17 la casa real
18 Las insignias

SEGUNDA PARTE
1 Teskatlipoka
2 El haz de leña
3 Las rameras
4 Los hijos de Tlalok
5 El hambre
6 Petición a Tlalok
7 La exigencia de sangre
8 El sacrificio de la doncella
9 La elección de los mexicas

10 La vendedora de banderas
11 El robo del espejo
12 El niño blanco
13 El nigromante
14 Inundaciones y plagas
15 Las migraciones
16 La danza del jardín
17 El ciervo deforme
18 Consejo secreto
19 Un conejo en el espejo
20 El tocado real
21 La embriaguez
22 Los campos del Sol
23 El rapto de la princesa
24 Ketsalpetlatl
25 El despertar
26 La diosa de las aguas
27 La expulsión
28 El ataúd
29 Despedida de Tula
30 A la salida de Tula

TERCERA PARTE
1 Llanto sobre Tula
2 El nagual
3 La encrucijada
4 Canción de Timal
5 En la fuente
6 La helada
7 Los discípulos
8 En el reino del sur
9 El pozo
10 En Cholula

11 Las enseñanzas
12 El banquete
13 Los sacerdotes del dios de la muerte
14 El sueño
15 La embajada
16 Despedida de Cholula
17 Las reliquias

CUARTA PARTE
1 La partida
2 El libro
3 El puente
4 Los meditantes
5 Junto al árbol
6 Los músicos del Sol
7 El monte
8 El templo de leña
9 El guerrero del Espíritu
10 La hoguera
11 El corazón ascendido
12 Canción de Matlakshochitl
13 Las cenizas
14 En la región de los muertos
15 El día del pájaro cantor
16 En la costa de Panko
17 Con sus amigos
18 Las ordenanzas
19 La profecía
20 La balsa de serpientes
21 El fin de los toltecas
22 El mezquite

Nota
Bibliografía


Dedico este libro a don Felipe Alvarado Peralta, vocero del pueblo de Amatlan de Quetzalcoatl y defensor de la tradición tolteca.


La obra que tienes en tus manos se publicó por primera vez en La Habana, en 1985. Su primera edición en México tuvo lugar a fines del 1999, y fue auspiciada por Luís Yáñez, profesor de la Universidad Autónoma de México. En el 2001 fue publicada en su forma definitiva por la Editorial Tomo, con prólogo del historiador Antonio Velasco Piña. Dos años más tarde, la Editorial Inner Traditions dio a conocer su traducción al inglés con el título The Gospel of the Toltecs, y prólogo del investigador de chamanismo Víctor Sánchez. En el 2005, la editorial Tomo, para evadir pago de derechos de autor, la publica bajo el nombre “Quetzalcoatl, Grandes hombres de México”, y se la atribuye a un tal Luis Rutiaga. Finalmente, sale a la luz la presente edición, corregida y con notas, debida al esfuerzo de Ediciones Kinames, y en particular de su editora, Lilian Torres.

Esta obra no contiene una biografía crítica de Quetzalcoatl, sino una compilación de leyendas relativas a la vida del último mensajero de la Serpiente Emplumada, el príncipe de Tula Se Akatl Topiltsin. Contiene fragmentos literarios tomados de diversas culturas y épocas del México antiguo, ya que su propósito es dar a conocer la magnificencia y profundidad de la literatura de Anahuac. Como anexo, se presenta una colección de enseñanzas tradicionales toltecas, recogidas bajo el nombre de Palabras de la Serpiente Emplumada.


Prólogo a la primera edición en español
por Antonio Velasco Piña

LAS culturas prehispánicas que florecieron en el actual territorio mexicano alcanzaron prodigiosas realizaciones en muy variados campos de la actividad humana. Sus imponentes centros ceremoniales, ahora en ruinas, producen admiración a cuantos los visitan; sus refinadas obras de arte llenan de asombro a quienes las contemplan; y sus profundos conocimientos astronómicos apenas si empiezan a ser comprendidos y valorados.

Al observar los restos de tanta grandeza, surge un sinfín de preguntas respecto a la ideología, y en general, a la historia personal de los guías espirituales de esas ancestrales culturas, quienes supieron conducir a sus pueblos a la consecución de tan elevadas metas. Aun cuando existen grandes lagunas en lo que hace al conocimiento de la historia de la época de oro de dichas culturas, al menos se logró preservar el relato de la vida y obra de quien muy posiblemente fue el personaje más destacado del México prehispánico: Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl.

Códigos y cantares, anales y monumentos, contienen una variada información sobre el último monarca de Tula. Los cronistas españoles manifestaron un interés especial por cuanto se refiere a este personaje, y a partir de entonces, no han dejado de publicarse toda clase de libros sobre el mismo.

Faltaba, sin embargo, en nuestros tiempos, una obra que nos permitiese conocer “desde dentro” la vida y el pensamiento de este ser extraordinario, que dejó para siempre una huella indeleble en la historia de México. Esto es, una obra que, partiendo de las fuentes originales, fuese realizando la narración de la biografía de Quetzalcoatl al mismo tiempo que la exposición de su pensamiento. Pero ateniéndose siempre a lo hecho y dicho por el propio personaje, sin tratar de interpretarlo o juzgarlo. No era una tarea fácil, pues comúnmente tendemos a valorar el pasado aplicando los criterios que imperan hoy en día, ignorando que estos son un producto de nuestro tiempo, y que no necesariamente pueden haber tenido igual validez en otras épocas.

Es por ello que la obra Evangelio de Quetzalcoatl, de Frank Díaz, reviste una especial importancia y destaca entre cuanto se ha escrito sobre el rey-sacerdote tolteca. A través de su lectura es posible captar lo esencial de las enseñanzas de este singular personaje que, mil años después de su desaparición física, aún puede transmitirnos un mensaje imperecedero de realización espiritual, una concepción del Universo donde el ser humano ocupa una posición central que determina el progresivo avance de aquel.

La enorme responsabilidad que esto implica es la parte medular de las enseñanzas de Ce Acatl Topiltsin Quetzalcoatl. Sólo cuando recuperemos la convicción de poseer una responsabilidad con todo cuanto existe, podremos resolver la grave amenaza de una catástrofe ecológica de dimensiones planetarias que ha generado nuestra actual inconsciencia.

El señor Frank Díaz, con su obra Evangelio de Quetzalcoatl, producto de una larga investigación y de una acertada intuición, nos proporciona una especie de brújula para ayudarnos a iniciar el camino que habrá de llevarnos a recuperar esa responsabilidad cósmica que tuvieron los antiguos toltecas.

INTRODUCCIÓN
El último Avatar de la Serpiente Emplumada

EN el antiguo México, en casi total aislamiento del resto del mundo, se desarrolló hace milenios una extraordinaria civilización. Al conjunto de logros materiales y espirituales que alcanzaron, sus creadores le llamaron Toltekayotl, toltequidad.

Generalmente, se ha dado el nombre de “toltecas” a los moradores de Tula, una ciudad que floreció en el actual estado de Hidalgo, México, entre los siglos VIII y XII de la era cristiana. Sin embargo, los documentos que se conservan revelan que los mesoamericanos entendían la Toltequidad, no como un título de pertenencia étnica, sino como una forma de vida. Apropiadamente, el primer diccionario de la lengua nawatl traduce el término Toltekayotl como arte para vivir (Alonso de Molina, Diccionario de la lengua).

Los mayas y otros pueblos se calificaron a sí mismos de toltecas y aplicaron ese título al Ser Supremo. Veamos como ejemplo el siguiente verso de su libro sagrado, el Popol Vuh: ¡Da a conocer tu naturaleza, tú, dos veces madre, dos veces madre, Maestro Tolteca, que así serás llamado por tus criaturas! (Popol Vuh I.2)

Otro texto maya asegura que Tula no es una localidad física, sino un concepto que abarca la totalidad del orden cósmico: En los cuatro rumbos está Tula. Hay una Tula en el oriente y otra en el Inframundo. Hay una donde se pone el Sol y otra en el trono de Dios. (Anales de los Cacchiqueles 4)

Los principios de la Toltequidad fueron esbozados en la época de los olmecas - un enigmático pueblo que apareció como salido “de la nada” en el tercer milenio antes de Cristo - y alcanzaron su cristalización durante el glorioso reinado de Teotihuacan (siglos I al VII d. C.). Esos principios eran:

• Un ideal mesiánico llamado en nawatl Ketsalkoatl, serpiente emplumada.
• Una regla social y religiosa contenida en el Teomoshtli, libro sagrado.
• Un título de pertenencia espiritual: Masewalli, merecido por el sacrificio.
• Una forma de vida definida como Yaoyotl, sendero del guerrero.
• Un objetivo supremo: Shoshopantli, libertad total.

Un libro maya describe así a los primeros toltecas: Sólo al dios verdadero adoraban en la lengua de la sabiduría. Reformadores de la Escritura se llamaron. No eran dioses, eran gigantes. (Chilam Balam, Libro de los Linajes)

La tradición atribuía la creación de la cultura a Ketsalkoatl. En verdad, con él se inició; en verdad, de él proviene la Toltequidad, el saber: de la
Serpiente Emplumada
. (Códice Matritense 144 r)

Ketsalkoatl fue una entidad cósmica reverenciada en toda la América indígena. Se le pintaba como una serpiente con plumas, ya que el reptil simbolizaba el cuerpo físico con sus apegos y pasiones, mientras que las plumas eran un símbolo de la iluminación interior. Por lo tanto, su nombre contenía una enseñanza, una propuesta de integración de nuestra dualidad esencial.

Pero Ketsalkoatl fue también una persona de carne y hueso. Sus sucesivos advenimientos, ocurridos cada aproximadamente 1040 años, provocaron el auge de grandes culturas, desde los olmecas hasta los aztecas. Debido a su facultad de mediar entre los hombres y la divinidad, sus mensajeros recibieron el título honorífico de Nawalli, el que se desdobla, equivalente del Mesías judío, el Cristo de los cristianos, el Mazdhi musulmán y el Avatar de los hindúes.

Según la tradición, el último avatar tolteca nació en Amatlan de Ketsalkoatl, un pequeño pueblo del actual Estado de Morelos, el 10 de Mayo del 947 después de Cristo, y recibió el nombre calendárico de Se Akatl Topiltsin, nuestro señor uno caña. Siendo el cuarto profeta del linaje de las serpientes emplumadas, también fue conocido como Nakshitl, cuarto paso.

Como es común en todas las tradiciones mesiánicas de la tierra, la leyenda afirmaba que Se Akatl fue producto de una concepción inmaculada, inducida en la virgen Chimalma por el espíritu divino, que se materializó en una Chalchiwitl, turquesa. He aquí como lo describe un antiguo catecismo maya: ¿Quién es aquel que ha entrado en la casa de Dios (la tierra)? Oh padre, es el mediador divino, así llamado, ¿En qué día penetró en el vientre de la virgen? Oh padre, el día Paso Cuatro entró en su vientre. (Chilam Balam, Libro de los Enigmas)

El nacimiento de Se Akatl provocó la muerte de su madre. Debido a ello, el niño fue criado por sus abuelos hasta los trece años, cuando entró a estudiar en el colegio sacerdotal de Xochicalco, donde se impartían los conocimientos sagrados. Durante su estancia allí, se destacó por practicar austeridades y por su participación en diversas batallas por la unificación del reino, que le ganaron el sobrenombre de Oselotl, ocelote. En el año 976 de la era cristiana, sus conciudadanos lo eligieron como rey.

El gobierno de Se Akatl fue un período de gran esplendor. Por entonces se engrandecieron las ciudades de Tula y Chichén Itzá, se trajeron orfebres desde tierras lejanas, se refinaron las artes y se reformó el calendario. Sin embargo, fue un reinado efímero. Cuenta la leyenda que, un día del año Cinco Casa, equivalente al 977 después de Cristo, el joven rey fue visitado por unos peregrinos que le iniciaron en los secretos del hongo alucinante.

Trastornado por las revelaciones que recibiera como producto de tal experiencia, Se Akatl abandonó su trono y se fue por el mundo buscando respuesta para una pregunta trascendental, que quedó recogida en el siguiente poema azteca: ¿Adónde iré que la muerte no exista? ¡Cosa difícil nos ha impuesto el Creador del hombre! (Romances de los Señores de la nueva España)

En el año 982 llegó a la tierra de los mayas, donde residió por algún tiempo en la ciudad de Tihó (actual Mérida). Un cántico recuerda su paso: He venido yo, extranjero, semejante a un ciervo – aquel ciervo que nos profetizaron nuestros antepasados. Soy desdichado, pues por un momento se me ha escondido el Dador de Vida. Pero sé que regreso a Su casa. (Cantares Mexicanos, Canto de Primavera)

Poco después, el príncipe peregrino regresó a la zona del Valle de México, donde le concedieron asilo en la ciudad de Cholula. Allí se dedicó al trabajo pedagógico hasta su desaparición. Según las crónicas, Llegó a esta tierra y empezó a juntar discípulos, y hacían milagros.

La enseñanza de Ketsalkoatl es muy sencilla y quedó recogida en el siguiente fragmento, especie de “confesión” de la fe tolteca: El sacerdote de su dios les decía: Dios es Uno. Serpiente Emplumada es Su nombre. Nada pide. Sólo serpientes, mariposas (cuerpo y alma), eso le ofreceréis. (Diego Durán, Historia de las Indias)

Esta creencia básica estaba complementada con tres principios prácticos que regían la vida cotidiana de los devotos: Hijos, notad el resumen de mis palabras y ponedlo en vuestro corazón. Sólo os quiero encomendar que cultivéis el amor a Dios, que tengáis paz con todos los hombres y que no perdáis el tiempo. Basta con esto, que era mi deber. Cualquiera de vosotros que hiciere estas cosas, allegará el bien para sí y conquistará la vida. (Sahagún, Suma Indiana)

También se atribuye a Se Akatl una serie de instituciones de carácter civil y religioso, tales como la división del territorio mexicano en cuatro distritos, la fundación de un linaje de sucesores que llevaron el título de Ketsalkoatl y el nombramiento de la ciudad de Cholula como capital de la Toltequidad y zona franca para la concertación de tratados.

En cierto momento, una visión divina le obligó a dirigir sus pasos hacia la costa de Veracruz. Allí subió a una pirámide de leños, se incendió a sí mismo con un fuego interior y se convirtió en un ser espiritual. He aquí como quedó descrita su ascensión: Cuando ardió, al punto se alzó su corazón de entre las cenizas, y vinieron a verlo todas las aves hermosas que remontan el cielo. Su corazón ascendió, refulgente como un jade, y entró en el cielo. Y dicen los viejos que se convirtió en la estrella que sale al alba. (Anales de Cuauhtitlan)

El catecismo maya que acabo de citar, afirma que esta transmutación fue total, como corresponde a un individuo que logró trascender por completo las ataduras del plano material: ¿En qué día murió el divino Mediador? En (el día) Uno Muerte entró a su sepultura. Pero, ¿qué fue lo que (en realidad) entró a su sepultura? Oh padre, sólo su caja entró a su sepultura. ¿Y qué penetró en el seno (del cielo)? Oh padre, la piedra roja (de su corazón).

Sin embargo, su partida no fue definitiva, pues, Al cabo de cuatro años nos fue devuelto. Nadie lo esperaba, nadie lo reconoció. De la región del misterio, de la casa del quetzal, del país de la abundancia regresó Aquel que enriquece al mundo. (Himnos Sacros, Canto de Tlalok)

Después de una breve estancia entre sus seguidores, a los cuales ordenó que propagasen por el mundo el mensaje tolteca, Se Akatl arrojó su manta al agua y se fue navegando sobre ella hacia el horizonte oriental. Pero antes, prometió a sus discípulos que volvería a ellos nuevamente, cuando se cumpliesen los ciclos. Estos discípulos fueron por todo México y transmitieron la buena noticia: He aquí, Nuestro Señor retorna a su origen, y nosotros nos vamos con él, porque lo acompañamos a dondequiera que vaya. Se va Aquel que es viento y tinieblas, pero habrá de volver, de nuevo vendrá a visitarnos para concluir su camino en la tierra. (Códice Matritense)

El triunfo de Se Akatl sobre la muerte se interpretó como un logro colectivo, una verdadera re-creación del género humano: Así es, en verdad: por su sacrificio él inventó a los hombres y nos hizo seres humanos. Así llegó a ser la Serpiente Emplumada, Doble Precioso, Señor y Señora de toda dualidad. Así transmitió su aliento y su palabra. (Andrés de Olmos, Wewetla’tolli)

Esta historia, tan parecida a la de Jesucristo, Krishna, Buda y otros grandes maestros de la Humanidad, es prueba de la trascendencia espiritual de las culturas de la América indígena, y constituye una respuesta contra las acusaciones de inferioridad moral que esgrimieron contra ellas los invasores europeos, en su afán por justificar las guerras de rapiña.

En tiempos recientes, el propio Papa ha reconocido la misión divina de Ketsalkoatl al admitir que la Serpiente Emplumada entra por derecho propio en el reino de los profetas. He aquí sus palabras: Hace ahora mil años, en el 999 de nuestra era, el furor de quienes adoraban a un dio
violento diciéndose sus representantes hizo desaparecer a Quetzalcoatl, el rey profeta de los toltecas, quien se oponía al uso de la fuerza para resolver los conflictos humanos. Al aproximarse a la muerte, llevaba en sus manos una cruz, que para él y sus discípulos simbolizaba la coincidencia entre todas las ideas en búsqueda de la armonía. Había transmitido a su pueblo altas enseñanzas: “El bien se impondrá siempre sobre el mal, el hombre es el centro de todo lo creado”. En estas y otras de sus enseñanzas, podemos ver una preparación al Evangelio
. (Discurso pronunciado en la ciudad de México el 25 de Enero de 1999)

La biografía de Ketsalkoatl se conserva en viejos papeles redactados por los primeros frailes de la época de la Conquista. La encontré cuando era un joven estudiante de antropología, allá, en la ciudad de La Habana. Quedé fascinado por su profundidad y riqueza, y de inmediato comencé a colectar todo lo que las leyendas decían al respecto. Por último, seleccioné algunas de las anécdotas relativas a Se Akatl y las reuní en forma de un libro, que di a conocer entre mis compañeros de estudio hacia finales de los años 80.

En tiempos recientes, tuve la oportunidad de realizar trabajo de campo en el pueblo de Amatlan de Quetzalcoatl, sitio natal de Se Akatl, recogiendo la tradición oral de los campesinos morelenses. Ello me permitió completar la historia, a la que añadí enseñanzas tomadas de unos textos tradicionales toltecas llamados Wewetla’tolli, antiguas palabras.

Casi todos los documentos que pude consultar estaban redactados en el español de la Colonia; otros tuve que traducirlos directamente del nawatl. En todo caso, procuré conservar su sabor arcaico, ya que ello acentúa el carácter sagrado y simbólico del relato contenido en este libro.

El “Evangelio de la Serpiente Emplumada” contiene la biografía mítica del más grande de los profetas del México antiguo. Cada uno de sus capítulos puede ser corroborado de acuerdo con las fuentes documentales, excepto algunos fragmentos conectivos en los que inevitablemente me vi forzado a interpretar los escasos datos que se conservan.

Debo aclarar que muchos de los textos sapienciales aquí contenidos pertenecen a autores anónimos o tradicionales, sin que necesariamente hayan sido expresados por Se Akatl de Tula. Sin embargo, representan de un modo fiel su pensamiento, por lo cual me he atrevido a incluirlos como exponentes típicos de la Toltequidad. Por razones didácticas, dividí el libro en cuatro partes, dedicadas respectivamente al príncipe, el monje errante, el profeta y el mesías de los indoamericanos.

Conocer la historia de la Serpiente Emplumada no sólo es interesante desde un punto de vista cultural, sino que constituye la mejor vía para penetrar en el pensamiento de una de las civilizaciones más originales de la tierra. Además, tanto en los incidentes de su vida como en sus esclarecidas enseñanzas, se esconden las claves de un sistema de prácticas toltecas, diseñado para conducir a los seres humanos hacia un camino de libertad y autorrealización.

Frank Díaz
México D. F., 2002